Cuando te enamoras piensas que todo es perfecto y si lo ves todo desde fuera te das cuenta de que todo es mentira, que la gente cambia, que las cosas nunca fueron como parecían. Puede que sigas con esa imagen del tío que te estuvo detrás cinco años haciendo locuras por ti y al que al final rendiste. Pero el tiempo pasa, las personas cambian, y más si hay algún pecado capital de por miedo. La gula y la lujuria pueden a cualquier hombre. Abre los ojos, llega un momento en la vida de cualquier enamorado en el que la situación llega a un punto en que te entregas a la otra persona de tal modo que olvidas entregarte a ti mismo. Una vez ahí hay que ser fuerte y darte cuenta de las cosas, romperle el velo que te cubre los 5 sentidos de Cupido y empezar a hacerlo todo bien. Si esto no ocurre, si jamás llegas a convencerte de que la gente que de verdad te quiere sólo quiere verte feliz y no fastidiarte la vida, acabarás haciéndote pequeña y pequeña hasta convertirte en una bola que será alimentada por patadas en el corazón.
sábado, 10 de agosto de 2013
lunes, 15 de julio de 2013
Invierano.
Suelo
ser la chica que llega el verano y no sale del agua del mar, que
duerme hasta la hora de comer porque le encanta llegar lo más tarde
posible a casa y salir de fiesta. Pero este sábado, que yo salía
con más ganas de salir que normalmente no me lo pasé bien. Para
colmo el día anterior me había emocionado con un chico, como
siempre que pasa cuando alguno que se cruza conmigo me sonríe en vez
de insultarme. Entonces llegué a casa más temprano de lo que podía
haber llegado y me puse a ver la televisión, cosa muy contraria a la
habitual, que suele ser tumbarme en la cama aún con algún efecto de
alguna droga. Oponiéndose a mis expectativas al día siguiente
amaneció nublado, y, pese al calor que hacía, parecía otoño. Eso
aumentó mis ganas de tumbarme en cama y no salir nunca, de comer
dulces y de leerme un libro; cosas que me suelen pasar en otoño o
invierno, y muy raramente. Entonces no salí de casa durante los dos
días siguientes, pese a tener un plan que en ocasiones comunes no
hubiera rechazado, un DJ famoso venía cerca de donde vivía, iba a
ir mucha gente y lo pasaríamos bien. No lograba comprender qué me
pasaba. Es decir, no tenía ganas de ir a la playa, ni de salir, ni
de ver a mis amigas (o al menos no a todas), ni siquiera me apetecía
fumar que era lo más raro de todo. No tenía ganas de verano, quería
estar agobiada por los exámenes y poder salir de la biblioteca a
fumarme un cigarro, quería tomarme un chocolate caliente y un gofre,
quería poder ver llover desde la ventana, ponerme sudaderas, ver
películas mientras oía la tormenta fuera, taparme con mil mantas...
Pero lo que más deseaba era tener a alguien. Era lo único que
faltaba en mis planes. Quería a alguien que mereciese la pena, me
sentía vacía del todo, como si alguien de la noche a la mañana
decidiera sacarme todo lo de dentro. No tenía ánimo de nada, ni
siquiera de dibujar, que tener tiempo libre era lo que más anhelaba
durante el curso para poder hacerlo escuchando música. Tampoco
escuchaba música, y eso es algo muy extraño en mí, pero lo más
extraño es que si me dieran a escoger un estilo de música para mi
estado de ánimo no sabría cuál escoger, y eso es raro teniendo en
cuenta que me gustan muchos y los cambio según mi humor. Esta vez lo
único que sabía era que necesitaba a alguien que completara todo lo
que a mí me faltara, pero no con los mismos complejos de los tíos
frikis con los que solía salir. Con ellos era una mera cuestión de
sexo, y ni eso. No había química, ni atracción, ni nada. Era el
simple echo de besar unos labios tan asquerosos como los míos,
porque nunca me pude merecer más. Lo peor de todo es que sabía cómo
hacer que todo eso cambiara, pero prefería reprimirme y quejarme,
seguir llorando con pelis absurdas de amores utópicos que solo
existen en ellas. A parte solucionar el problema era como atacar a
mis propios principios, pues sabía que si nadie me quería tal y
como era ahora, si me quisieran después sería por mi aspecto, y es
todo lo contrario a lo que quería, quería que me quisieran por el
mero hecho de ser como soy, por mi personalidad, aunque al fin y al
cabo yo valorara mucho el aspecto de ese alguien que se suponía que
me tenía que querer. Tenía la cabeza hecha un lío.
domingo, 30 de junio de 2013
viernes, 28 de junio de 2013
'Yo no quiero París con aguacero ni Venecia sin ti.'
Cuando la desesperación te lleva a no querer seguir respirando, cuando sabes que nunca podrás cumplir tus sueños y piensas que soñarlos es alimentar falsas esperanzas al final acabas autocomplaciéndote y llenando tu cabeza de ideas equivocadas que en el fondo ni tú mismo te las crees. Por eso intentas creer en algo, algo que sea perfecto, y que no duela; que nunca duela. Tratas de imaginarte con alguien que te llene el camino de rosas. Aunque te des cuenta de que las rosas siempre tienen espinas, que hacen herida y que tardan en cicatrizar. Por eso tienes miedo de enamorarte, aunque es lo que más deseas en el mundo. Y sabes que por mucho que encuentres a alguien que te quiera más que a nada en el mundo no serás capaz de sentir nada por él, ya que no cumple tus expectativas, y nunca las cumplirá porque al fin y al cabo, ¿quién va a quererte a ti? O eso piensas. Y así poco a poco te vas destruyendo, te quemas, te carcomes por dentro y haces que lo único medianamente bueno que tenías, tu interior, se vea desmejorado de tal manera que no llegues a ser nada. Te conviertes en lo que has luchado por no ser toda tu vida, no eres nadie.
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